lunes, 12 de noviembre de 2018

Los estadios de percepción


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La práctica de Anatheóresis, no deja lugar a dudas con respecto a los contenidos arquetípicos del bebe en los estadios embrionarios y fetal; nos muestra que estos contenidos arquetípicos -expresados en una prístina simbología y estructurados con una sintaxis mitológica- van siendo cada vez menos prístinos a medida que el feto va conformando su cerebro.

Aunque estas representaciones mentales del bebé - en su fase intrauterina- son altamente simbólicas, esto no impide que al realizar regresiones anatheoréticas, un adulto habitualmente  nos de los hechos concretos que corresponden a las emociones de la que los símbolos – y su sintaxis mitológica- son expresión. No hay que olvidar que una de las facultades del hemisferio cerebral derecho (HCD), es percibir los hechos concretos, aun cuando luego no pueda expresarlos fonéticamente.

Los primeros meses de vida intrauterina, el bebé posee una gran facilidad en movilizar la focalización de su percepción, de manera que puede vivenciar no solo cuanto ocurre dentro del claustro materno, sino también, cuanto ocurre fuera de él. Una forma de percepción que denomino percepción extrauterina (PEU) y que entiendo es vivenciar desde la conciencia global.

Todo evidencia, que al ser engendrados poseemos una conciencia con una muy amplia – o ilimitada- capacidad de elegir puntos de focalización perceptiva, capacidad esta que, poco a poco, mes a mes, se va reduciendo conforme la percepción global se va identificando con un cuerpo (se va estructurando en forma de cuerpo físico), hasta quedar presa, o fundida en él. Perdiendo así, esa amplia capacidad de percibir desde cualquier ángulo externo o interno. Una percepción, por otro lado que, aun procesando los impactos emocionales mediante símbolos y mitos, toda evidencia recoge, no obstante, la escenografía de los hechos concretos a que corresponden esas emociones; esto puede comprobarse porque los pacientes vivencian hechos concretos que luego comprueban que han ocurrido y que no son recuerdos que les contaron.

Comentamos las características básicas de nuestros cuatro primeros estadios de percepción (EP), o sea la evolución de los procesos perceptivos desde el cigoto hasta los siete a doce años, que es el período en que se estructura toda nuestra topografía de daños, y es a ese periodo en el que en la Terapia Anatheóresis, hay que acceder para disolver todos esos daños (IATs  y CATs):

EP1: el primer estadio de percepción corresponde a la fase inicial embrionaria, con una percepción global, abierta, mandálica, sin yo, en la que predominan las vivencias arquetípicas primigenias. Corresponde a un estado altamente onírico en el que el embrión estaría totalmente abierto a los impulsos de la madre, y no olvidemos que nuestro cuerpo es la resultante física de los impactos mentales y emocionales que nos llegan y guardamos.


EP2: segundo estadio de percepción, incluye la época de madurez embrionaria y también los inicios de la época fetal, en la que el cerebro muestra ya una estructura con circunvalaciones.
Este estadio corresponde a una percepción simbólica ya estructurada mitológicamente, sigue siendo una percepción sin yo, sin focalización, abierta a todos los impactos, especialmente a los emotivos procedentes de la madre, con la que se mantiene, como en el primer estadio, en una simbiosis total, teniendo en cuenta que simbiosis no significa que el cerebro del bebé sea el de la madre, sino la existencia ya de dos cerebros, cada uno de ellos con capacidad para recibir y almacenar información, solo que, en ese trasvase de información, el sistema nervioso del bebé, sigue siendo básicamente receptivo con una receptividad subjetiva que globaliza todo impacto como si el impacto fuera él.
Así, el bebé, escribe en su sistema nervioso, en sus células, en su cuerpo todo, cuanto emotivamente la madre lleva escrito y cuanto la madre va escribiendo en su mente.


EP3: el tercer y último estadio intrauterino de percepción, se inicia entre el cuarto y sexto mes, momento en que el bebé posee un cerebro totalmente estructurado neuralmente y momento –ya en el sexto mes- en que el bebé prácticamente podría sobrevivir si naciera.
En este estadio que –siempre a efectos descriptivos- podemos extender hasta el nacimiento e, incluso, hasta la época pre-verbal, la percepción se caracteriza por los ya indicados altos trenes de ondas theta. Esta percepción, por lo tanto seguirá siendo altamente analógica, pero en ella la conciencia muestra ya una notoria focalización.
En este estadio, la simbología arquetípica comienza a teñirse de connotaciones personales. Así, el arquetipo del amor puede ser ya, en este estadio, un claro sentimiento de abandono, de rechazo, si en anteriores estadios el bebé se ha sentido no deseado.
En este tercer estadio, perfectamente estructurado con ritmos que le distinguen y que pueden ser enmarcados  dentro de la más alta creatividad analógica y de la más alta emotividad theta.
Este estadio corresponde ya a  una percepción cortical, pero sin ondas beta operativas y con ondas alfa incipientes, toda evidencia mantiene una percepción theta altamente receptiva hasta el nacimiento y, en gran medida, incluso durante la época infantil pre-verbal.


EP4: este estadio de percepción es el que corresponde a la época preadolescente, fase en que el niño inicia la difícil conquista del ritmo beta.
Es la fase de la formación del yo, la fase donde el niño ya herido por los IATs (impactos analógicos traumáticos) intrauterinos, va potenciando los CATs (cúmulos analógicos traumáticos), que pondrán dolor y enfermedad a su vida, especialmente en su vida de adulto.
En este estadio, posee una frecuencia de la actividad eléctrica cerebral que muestra ondas delta, da una grafía de ondas alfa incipientes  y carece de ondas beta maduras, en tanto que las ondas theta son predominantes. Naturalmente, esta topografía de ondas cerebrales que procede de las últimas fases de la vida fetal y que se mantiene, por lo tanto, al iniciarse el estadio de actividad cerebral preadolescente, se va modificando, puesto que el niño, en su crecimiento en edad, va madurando y potenciando sus trenes de ondas beta, estas se muestran totalmente activas, cuando el niño alcanza de los 7 años a los 12 años, dependiendo de lo más pronta o tardía maduración de esas mismas ondas beta.
Aquí cabe añadir un nuevo estadio de percepción, que sería el que corresponde al adulto. A efectos prácticos en Anatheóresis, incluyo un estadio intermedio entre el que corresponde al preadolescente y el que corresponde al adulto:


EP5: estadio de percepción que corresponde al tiempo que transcurre entre esos 7  a 12 años y los  18 a 21 aproxim., es el lapso de tiempo en que el adolescente, ya con un ritmo maduro de ondas beta, va da dando estructura definitiva a su nuevo mundo de vigilia, estadios este en que la personalidad adquiere sus rasgos definitivos, por lo tanto también el yo termina su estructuración de acuerdo con los cúmulos analógicos gratificantes (CAGs) y los cúmulos analógicos traumáticos (CATs) que haya ido acumulando en el transcurso de su paso por todos los estadios de percepción anteriores.


EP6: seria ya la adultez, la estructura mineralizada del yo, la que –estable o inestable- nos acompañara, en un proceso gradual de fosilización, hasta la muerte, salvo que, se diluyan los CATs que la configuran y sustentan.


La psicología transpersonal y las más acreditadas teorías científicas actuales, plantean ya el hecho que la conciencia posee propia identidad, y algunos autores afirman incluso que la conciencia es lo único Real; de manera que, los distintos estados de conciencia pasarían a ser simples aspectos de esa sola Realidad. Una Realidad que nos trasciende, inaccesible para nosotros como tal Realidad, pero que si podemos percibir bajo distintos aspectos (que no son la Realidad) según utilicemos una  u otra forma de percepción.

Nuestra cultura de percepción beta, nos ha llevado al error de creer que la realidad del hemisferio izquierdo (HCI), es la Realidad, así con mayúsculas. En definitiva, que las cosas son como las vemos, oímos, gustamos, olemos y sentimos en vigilia, y vivimos de acuerdo con esa noción de realidad. Por ello no entendemos la afirmación  de que los sueños son una realidad tan real –o tan poco real- como la realidad de nuestro mundo de vigilia y nadie comprende tampoco que, esas realidades, todas, cualquiera sea el estado de conciencia del que provengan, poseen su propio mundo y sus propias leyes, y todas –de acuerdo con sus leyes- actúan con igual o parecida fuerza sobre nuestras vidas. Así, no debemos menospreciar el mundo de la percepción simbólica, porque esos símbolos, aparte de establecer un dialogo real y profundo con nosotros, son más impactantes que los acontecimientos físicamente tangibles del mundo beta.

Los arquetipos, no es un mundo de imaginaciones vanas, sino que es un mundo cuya imaginería expresa contenidos muy concretos, sumamente enraizados en nuestra conciencia, que además, poseen tal carga energética, que condicionan nuestra vida normalmente con más fuerza que las experiencias provenientes del mundo beta. De hecho, toda civilización surge y crece de impulsos de un gran símbolo, en nuestra civilización cristiana, ha sido básicamente la cruz. Y al igual que otras civilizaciones se estructuran  en torno a unos muy concretos símbolos, también nuestras vidas son ordenadas (normalmente  más desordenadas que ordenadas) por los símbolos de nuestras experiencias intrauterinas.

Fuente: Tratado Teórico-Práctico de Anatheóresis



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Juana Ma. Martínez Camacho
                                       Terapeuta Transpersonal
                                (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)
                             Especialista en Bioneuroemoción
                               (Instituto Español de Bioneuroemoción)
                             Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
                                      (Cellular Memory Release)                   
                             Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
                               (Transpersonal Anatheóresis Madrid)



                       www.centroelim.org           Telf.  653-936-074

                             

jueves, 20 de septiembre de 2018

Unidad mente-cuerpo



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Anatheóresis es una psicoterapia de carácter perceptivo que considera toda enfermedad como una disfunción física o psíquica de origen emocional.

Tiene sus fundamentos en los distintos ritmos cerebrales que condicionan nuestra percepción en el transcurso de nuestras fases de crecimiento, hasta los siete a doce años, en que la frecuencia cerebral es ya de ritmos betas maduros.

Realiza su labor terapéutica induciendo, mediante una relajación simple pero profunda, y sin la administración de drogas ni empleando aparataje electrónico, un estado mental no ordinario de conciencia llamado IERA, en el que, a través de regresión de edad, se indaga por analogía —con la situación emocional del sujeto respecto a su disfunción— en la conciencia oculta, los daños emocionales originados fundamentalmente en el periodo intrauterino, en el parto y en la niñez, desde el nacimiento hasta los 7 a 12 años aproximadamente.

Anatheóresis permite al paciente revivir las causas emocionales profundas que alimentan sus daños físicos y psíquicos. Casi siempre daños que tienen sus raíces en el transcurso de la gestación y/o en el nacimiento. Esos daños, que a lo largo de su vida se han transformado en disfunciones físicas o psíquicas, al salir a la luz de la conciencia mediante la sincronización de los hemisferios cerebrales, el derecho con su capacidad de vivenciar —ver y sentir— los hechos causantes de esos daños emocionales y el izquierdo con la comprensión de las causas de esa sintomatología producida por ellos —somatización—, posibilita que se disuelvan dichos efectos y por tanto la enfermedad.

De la eficacia de Anatheóresis se ha dicho que es “la más revolucionaria aportación en la búsqueda de una nueva forma de entender la medicina”.

La teoría en que se sustenta Anatheóresis, está siendo ahora respaldada por los últimos descubrimientos de la Neurociencia y por las más recientes tesis de la Psicología Transpersonal. (Joaquín Grau)




 Para anatheóresis no existe separación entre psique y organismo, considera al ser humano como una unidad que interacciona globalmente ante cualquier información procedente del entorno.
Es más, para cualquier actividad psíquica, sea consciente o inconsciente, se produce una inmediata correlación orgánica. Y si esta actividad psíquica es dañina, también lo será para el organismo, ya sea de forma inmediata o en un futuro.
Aunque actualmente, la medicina ortodoxa y tradicional, no asume ni aplica el supuesto de que mente y cuerpo están profundamente interrelacionados, la experimentación científica revela todo lo contrario.

Ya antes de la llegada de la revolución científica moderna, considerada alrededor de las tres grandes teorías (biología darwinista, física newtoniana y pensamiento cartesiano), prácticamente todas las grandes medicinas y pensadores anteriores, estimaban inseparables mente y cuerpo; Medicina Tradicional China, Ayurveda Hindú, Hipócrates, Aristóteles, Galeno, Juvenal, Sir Francis Bacon, etc.

Pero a finales del siglo XIX y principios del XX, empezaron a oírse voces muy significativas, que comenzaron a teorizar sobre la posibilidad de que el organismo tuviera una íntima relación con la psique, Freud, Pasteur, Walter Cannon, etc. Avanzado el siglo XX, el fisiólogo Hans Selye, en 1936, introdujo el concepto de estrés, formulando el Síndrome General de Adaptación. 

En los años 60, George F. Solomon, profesor emérito de Psiquiatría y Ciencias Conductuales de la Universidad de California, explora las relaciones entre estrés, emoción, alteraciones inmunológicas y enfermedad física y metal. Definiendo por primera vez la Psicoinmunología junto con Rudolf Moss.

Finalmente, en 1975, se acuña el término Psiconeuroinmunología (PNI), como resultado de un experimento realizado en la Universidad de Rochester por parte de Robert Adler (psicólogo) y Nicholas Cohen (inmunólogo), que confirmaba el supuesto.

En 1981, Adler, Cohen y David Felten, editan el libro ''Psychoneuroimmunology'', en el que se detalla la íntima relación entre cerebro y sistema inmune. (Adler, Felten, Cohen, 2006)

Y en 1985, de la recopilación de una serie de trabajos históricos se produce la ''Fundación Científica de la Psiconeuroinmunología'', plasmándose en la edición del libro ''Foundations of Psychoneuroimmunology''. (Locke et all, 1985)

La PNI, ha demostrado y demuestra con cada experimento, la íntima relación entre psique y organismo. Y no solo se ha demostrado que las emociones inciden en las respuestas fisiológicas, sino que el circuito también funciona al revés. (Lipton, 2010)

Igualmente son muy numerosos los estudios sobre diversas alteraciones psíquicas y su influencia dañina en el organismo, por ejemplo el estrés, la ansiedad y la angustia producidos por diversos factores psicosociales; el luto, la separación o divorcio, el desempleo y los exámenes académicos. (Orjuela y otros)

También clarificadores, han sido los trabajos sobre el efecto placebo (Moseley, 2002) y nocebo (Ikemi, and Nakagawa, 1962). Solo entre 1997 y 2001 se realizaron unos 10.000 estudios, que afirmaban la interacción mente cuerpo. (García Mac Dougall, 2001)

Incluso ampliamente estudiado, ha sido la incidencia positiva en el organismo de diversas técnicas como la meditación, la concentración y la relajación (Infante de la Torre, 1995).

Como también, muy numerosos, los estudios sobre los efectos de medicinas y terapias alternativas, por lo que el propio Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, creó en 1992, una oficina específica para realizar dichos estudios, formando parte del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (DHHS), el Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM).

Por tanto, el que la medicina ortodoxa actual no trabaje con este supuesto, no se debe, como se puede comprobar, a la falta de argumentos científicos.

www.grau.anatheoresis.com





sábado, 1 de septiembre de 2018

¿Cómo es una consulta en Anatheóresis?


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El término Anatheóresis etimológicamente significa:


Mirar hacia atrás contemplando el pasado y exhumarlo, traerlo al presente, comprendiendo.



Anatheóresis, es una psicoterapia de carácter perceptivo, que considera toda enfermedad como una disfunción física o psíquica de origen emocional. 

Tiene sus fundamentos en los distintos ritmos cerebrales que condicionan nuestra percepción en el transcurso de nuestras fases de crecimiento, hasta los siete a doce años, en que la frecuencia cerebral es ya de ritmos betas maduros.

Se lleva al paciente por medio de una relajación profunda (no hipnosis) a un estado llamado IERA  (inducción al Estado Regresivo Anatheorético), donde la persona no pierde la consciencia, sino que está perfectamente lúcida, siendo en todo momento dueña de sus actos, estando en un estado de ondas cerebrales Theta (4-8 Hz, estado similar a cuando estamos cerca de dormirnos).

En este estado, el terapeuta guía al paciente  en un viaje  a través de su inconsciente, utilizando una serie de estrategias, para que el paciente pueda vivenciar sus daños, extrayéndolos de la oscuridad de los ritmos cerebrales bajos, donde se han formado, hacia la zona luminosa de los ritmos altos beta. 

Al  vivenciarlos  y  comprenderlos, se disuelven.


Comprender no es lo mismo que entender, la comprensión se da cuando los dos hemisferios cerebrales se sincronizan. El comprender es con la mente y el cuerpo, y eso libera, borra las causas remotas y originarias de su enfermedad.

Como esquema básico, se trata de tomar la emoción y utilizarla como hilo conductor para ir regresando en edad y hacer que el paciente vivencie los hechos concretos.

Vivenciar no es recordar, sino volver a sentir. Los hechos concretos pudieran parecer "tonterías" a la visión de un adulto, sin embargo, fueron vividos desde la verdad sentida del paciente, con bastante intensidad como para convertirse en la raíz de  sus daños, pasados y actuales.

Una vez liberada la carga emocional, se utilizan diferentes técnicas de conversión para lograr la completa desidentificación y desensibilización del paciente con respecto a dichos hechos traumáticos.

Al final de cada sesión se le sugiere al paciente que haga un resumen de su sesión.

El paciente puede a través de familiares confirmar sobre los hechos concretos vivenciados, teniendo en cuenta que la verdad real (lo que realmente ocurrió) y la verdad sentida (como lo vivenció el paciente desde su sentir) son cosas muy diferentes.

El terapeuta notificará al paciente cuando da por concluida la terapia, atendiendo a su demanda original.



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DATOS SOBRE LA CONSULTA


La primera sesión es algo más larga, luego de una entrevista con el paciente, y ya en IERA, se le hace un Test de Grandes Símbolos, que arroja resultados significativos para la marcha de la terapia.

Las demás sesiones duran de una hora y media a dos horas, se inician con un charla paciente-terapeuta en vigilia, luego le sigue la sesión en IERA, buceando en los daños del paciente, para irlos disolviendo mediante las estrategias propias de la Terapia Anatheóresis.


Anatheóresis es una terapia rápida, el proceso dura entre 12 y 15 sesiones, dependiendo de cada caso, de su biografía oculta de daños,  a veces algunas sesiones más.

Es el paciente el que sana,   la función del terapeuta es la de guiar al paciente en todo el proceso de sanación.



                    CONSULTAS  PRESENCIALES / CONSULTAS  POR  SKYPE





SESIONES  ONLINE


La terapia Online difiere de la terapia presencial en que se realiza  mediante videoconferencia.

Para aquellos pacientes que no pueden trasladarse a la consulta por motivos de movilidad, ya sea por residir lejos de la consulta, por incapacidad física, o simplemente porque el paciente no puede desplazarse, sea cual sea tu motivo, gracias a las videoconferencias, puede  iniciar un proceso terapéutico.




¿Como es una sesión de Anatheóresis Online?

Ya sea para sesiones individuales o para la terapia completa, Skype nos brinda la posibilidad de conectar Terapeuta y Paciente más allá de toda barrera física, pudiendo  el Terapeuta guiar al paciente a través del inconsciente desde el otro lado de la pantalla.



Ventajas  y desventajas

Las Sesiones Online permiten el acceso a la terapia a personas en cualquier lugar del mundo (trabajamos con habla hispana), mientras dispongan de  una adecuada conexión a Internet.

Tienes menos gastos de desplazamiento (combustible, autobuses, trenes, etc.) sin perder tiempo en atascos, u otros inconvenientes...

como desventaja, cuando la conexión a Internet es lenta o inestable puede que la llamada se interrumpa, teniendo que retomarla.

Otra desventaja es el no poder dar un abrazo, un apretón de manos,  a la entrada o salida de la consulta, una mano en el brazo para calmar al paciente ante una abreacción o simplemente alcanzarle un kleenex en un momento emotivo...,  no obstante  muchos pacientes se están  beneficiado de esta modalidad y se puede acompañar muy bien en el proceso.



¿Qué  necesitas para las sesiones on line?


1. Una conexión a internet de alta velocidad (Ancha o Fibra óptica).

2. Una cuenta Skype, que es gratuita.

3. Un ordenador, tablet u otro dispositivo electrónico que conste de  cámara web y micrófono. Es importante situar la cámara cerca del paciente de manera que se mueva durante la sesión.

4. Auriculares, estos no son obligatorios, pero si se prefiere disponer de ellos, para mejorar la comunicación y aislarse de los  ruidos que pudieran venir del exterior.

5. Un sofá reclinable,  diván, camilla o cama. El paciente ha de sentirse  cómodo durante la duración de la sesión. Se aconseja que la postura no sea demasiado horizontal, cuando el paciente tiende a dormirse.








Juana Ma. Martínez Camacho

                                       Terapeuta Transpersonal
                                (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)
                             Especialista en Bioneuroemoción
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jueves, 30 de agosto de 2018

Características básicas de ambos hemisferios cerebrales.

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El hemisferio cerebral izquierdo, por escindir la subjetividad (que es unidad, globalidad, totalidad), crea la dualidad. Ya no hay una sola totalidad que lo llena todo, sino que pasa a haber un dentro y un fuera, un yo y unos otros y, lógicamente también, una causa y un efecto.

Así pues, todo proceso perceptivo de ese hemisferio cerebral es causal, hay siempre una causa con su consiguiente efecto. Y de ahí que nuestra ciencia convencional, que es básicamente la ciencia del hemisferio cerebral izquierdo (la ciencia newtoniana y cartesiana) deseche y, en general, considere poco menos que patológica toda información aportada por el hemisferio cerebral derecho.

Resulta fácil comprender que una percepción dual establece sus postulados mediante un proceso de comparación y contraste entre los opuestos. Y eso es razonar y es también, siempre, enjuiciar y objetivar. Un enjuiciamiento que, por su radicalidad bipolar, supone no solo una conclusión, sino también una exclusión. Porque elegir entre dos extremos presupone, inevitablemente, excluir uno de ellos. Y excluir es condenar, es echar fuera.
Todo juicio, por tanto, comporta considerar algo o a alguien culpable, por tanto, comporta considerar algo o a alguien culpable por el solo hecho de haber considerado algo o a alguien inocente, y echar fuera es la forma de ejecutar el castigo.

Bien, pues eso es precisamente lo que hacemos con la enfermedad. Porque somatizarla es intentar echarla fuera de nosotros, por tanto, el hemisferio izquierdo es también el que crea la moral, al contrastar lo que consideramos adecuado con lo que consideramos inadecuado.
O sea, entre lo “bueno” y lo “malo”. Solo que, por tratarse de conceptos, cada persona o etnia puede juzgar el bien y el mal desde una distinta polaridad. Una polaridad que, indudablemente, identifica siempre el bien con el propio yo. O sea, bueno es aquello que es (al menos así lo creo) adecuado para mí. Y malo, lo contrario. Por eso no es de extrañar que haya casi tantos conceptos de moralidad como personas y que la moral cambie cuando cambian los conceptos sobre los que se sustenta. Interpretación moral que  consideramos objetiva, cuando en realidad ha sido dictada por las líneas rectoras de la cultura personal y social, así como por las adicciones emotivas profundas que tenemos todos.

Y digo todo esto porque es importante comprender, de cara a la terapia, que “recordar” no es volver a vivir una experiencia, sino llevar a la conciencia la interpretación, no el hecho. Porque lo que cura no es “recordar”, sino vivenciar de nuevo ese hecho traumático.
En definitiva, la percepción del hemisferio cerebral izquierdo no nos da la Realidad, solo una forma de percibirla, por mucho que la ciencia convencional la considere la única forma válida y real de percepción.


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El hemisferio cerebral derecho, por el contrario, es analógico, es decir, establece las relaciones por semejanza. En el mundo de la analogía, por ejemplo, una gota de agua en el océano es como (y ese “como” ha de entenderse en el sentido de semejante, no de idéntico) a todo el océano.

El cerebro derecho es intuitivo, así que no escinde, no divide. Antes bien, es siempre impactado por estructuras globales, holísticas. Pero lo más importante es que es altamente emotivo, que en él se albergan los sentimientos. De ahí que toda analogía (que carece de abstracciones mentales y de conceptos) nos llegue siempre viva, con toda su carga de dolor  o de gozo, aunque si establezca correlaciones simbólicas. Porque las analogías tienen su lenguaje en las imágenes, símbolos y arquetipos. Y el sueño y la mitología forman parte de ese lenguaje.

Por eso, por el carácter fundamentalmente simbólico de las analogías, puede establecerse la correlación holística de que la parte es como el todo, que una gota de agua del océano es “como” el océano todo, lo mismo que puede afirmarse que una imagen de Cristo puede llevarnos a la comprensión de Cristo vivo.

Por otra parte, el hemisferio derecho es ético, no moral. Y es preciso distinguir claramente entre esos dos conceptos porque las instituciones (y no solo las religiosas) suelen ser proclives a considerar ético lo que solo es moral.
La auténtica ética está grabada en la conciencia ontogénica, es una herencia de nuestra filogénesis evolución de la vida desde su origen hasta nosotros; es decir, está dentro de nosotros, no en tablas de piedra no en los códigos  de tantas instituciones oficializadas.
Es importante también saber que el hemisferio cerebral derecho jamás interpreta, sino que muestra siempre hechos concretos, hechos no que “recuerda”, sino que vivencia, porque le llegan impactantes, cargados de emotividad.

Por tanto, mientras el hemisferio izquierdo es unidimensional, lo que le lleva al argumento y al concepto de finalidad, el hemisferio derecho, por el contrario, es holístico, multidimensional. Y, evidentemente, tampoco es discursivo. Cuando el místico vive a Dios, vivencia un hecho auténticamente holístico. De ahí que esa experiencia resulta inefable, que no pueda explicarse con palabras.

Es decir, el hemisferio derecho tiene un carácter holístico, no unidimensional y no cuantitativo, sino cualitativo, porque no cuantifica ya que no escinde ni contrasta; solo muestra, impacta. Y cada uno de esos impactos es global, completo en sí mismo. No divide, como el hemisferio izquierdo, sino que integra, y como el hemisferio derecho la información le llega como impacto vivo, como una información holística, es evidente que no conoce el tiempo. Porque para eso hace falta un proceso dual, analítico, y discursivo, como el hemisferio izquierdo.

El hemisferio derecho se mueve en el espacio y, como en los sueños, hay un escenario, pero la obra que en él se representa no sigue un orden temporal.
La enfermedad es desarmonía, y ésta  viene generada ya (y este es el mayor de los traumas) por la división del cerebro en dos hemisferios. Bueno, en realidad por no asumir esa lateralización, porque en lugar de aceptarla, de ser conscientes de ella y, en consecuencia, intentar armonizarla con una sincronización cerebral, lo que hacemos es enfrentar el hemisferio izquierdo al hemisferio derecho, intentar no la integración, sino la victoria de uno sobre el otro.

Es la guerra de los dos hemisferios. Y toda guerra incluida las que proyectamos al exterior  y provocan holocaustos físicos, es una sola guerra: la de los dos hemisferios cerebrales.
Pero la medicina convencional, se niega a aceptar que la etiología de la enfermedad pueda estar fuera de las ondas beta, porque ha sacralizado el hemisferio izquierdo y ajusta su metodología terapéutica a las características básicas de la percepción causal que, a entender de esta medicina es la única percepción válida. Es decir, entienden que toda enfermedad debe tener una causa que pueda ser objetivada. Lo que, lógicamente, la lleva a buscar la causa de las enfermedades en algo ajeno a nosotros mismos y a establecer relaciones causales que puedan ser físicamente constatables mediante procesos lógicos.

Por ejemplo, la medicina convencional nunca podrá aceptar que una niña con los pechos desmesurados, que es objeto de burla por esa hipertrofia, lance su energía vital contra esos pechos y acabe dañándoselos e, incluso acabe generando un cáncer de mamas si otros daños anteriores alimentan esa actitud castradora.

Para la medicina convencional, que en todo momento debe establecer relaciones observables, la causa de ese cáncer tan solo puede ser un crecimiento anormal celular, lo que equivale a decir que la causa de ese cáncer es el propio cáncer, y, así se combate la enfermedad, combatiendo su sintomatología como si la sintomatología fuera la enfermedad. Y la sintomatología es solo un mensaje del yo a través del cuerpo para hacerle ver que algo va mal y debe rectificar aquellos aspectos   de sí mismo que son la causa de la desarmonía que le está dañando y que son la auténtica causa de la enfermedad. Un mensaje que  la medicina convencional no atiende porque no comprende. 

Para la medicina, a pesar de lo que se dice, no hay enfermos, sino enfermedades. Y las tiene todas perfectamente clasificadas como si fueran entes vivos, reales. Y como es segregadora, analítica, sus conclusiones siempre son: a mas gérmenes (que esa medicina cataloga de patógenos porque siempre tiene que haber un enemigo), mas enfermedad, hay lesiones que la medicina convencional puede intentar resolver con eficacia, pero hay otro tipo de daños que no. 
Porque no se puede extirpar una depresión con bisturí, aun cuando ese bisturí sean psicofármacos, ni pueden extirparse quirúrgicamente las causas profundas de, por ejemplo, un cáncer, porque las causas profundas de toda enfermedad no son las bacterias, ni virus, sino los daños de nuestra biografía oculta que conforman nuestro yo. Y solo llevando a la luz del discernimiento (de una comprensión o sincronización cerebral entre ambos hemisferios) esos cúmulos emocionales que son muy concretos y personales, que no pueden ser clasificados, ni catalogados mediante preconceptos, solo entendiendo que la enfermedad somos nosotros, solo así, con una terapia de esfuerzo por parte del enfermo, podremos recuperar la armonía y curarnos.    Joaquín Grau       


martes, 21 de agosto de 2018

La Identificación



Para Anatheóresis, los procesos de identificación no solo no son patológicos, sino que son totalmente naturales, inevitables y necesarios, lo cual no impide que puedan establecerse identificaciones patológicas.
En los 4 primeros estadios de percepción, el cerebro procesa la información de manera analógica.  

El proceso analógico se  enmarca dentro de dos principios: el principio de imitación- todos podemos producir aquello que deseamos imitándolo,  y el principio del contagio (por resonancia o por simpatía): las cosas que han estado en contacto y dejado de estarlo, continúan teniendo una con respecto a la otra la misma influencia que si su contacto persistiera, es decir, podemos influir desde lejos sobre toda persona, animal o cosa de la que tengamos algo.

De manera que el gestante actúa por imitación, así si recibe un impacto agradable, intenta imitar una y otra vez aquello a lo que ese impacto emocional va asociado para seguirse gratificando. 

Esa imitación puede ser un gesto, un sonido, etc.,  ya de manera más clara y directa en el estadio infantil, el niño imita a sus padres, puesto que su yo en formación (hemisferio beta) no tiene otra manera de afirmarse que buscando patrones analógicos de conducta. El principio de imitación hace que le niño vea en su oso de peluche, un oso de verdad, y si pertenece a la madre, lo  aprecia más aún porque por el principio del contagio además del oso, tiene también a su madre.

El proceso natural del niño es que se identifique con sus padres, porque a nivel theta sabe que no podría sobrevivir sin ellos. La identificación además de natural, es saludable, porque le va dando estructura a su yo y le da estabilidad y seguridad emocional.
El problema no es la identificación, el problema es el estado beta de los padres, que intenta imponer la educación beta sobre el estado básicamente theta del niño, lo cual es ajena y perjudicial. Un auténtico conflicto surge de una respuesta beta a una demanda theta.

El problema no es la identificación, el problema surge cuando no hay personas con las que el niño pueda identificarse, o habiéndolas (básicamente los padres) son incapaces de comprender las demandas y actitudes theta del niño.
En ambos casos, el niño no solo crecerá con identificaciones patológicas, sino que y principalmente en el primer caso, cuando no hay personas con las que pueda identificarse, ya púber, seguirá buscando identificaciones que indicaran una carencia no resuelta, una merma de yo, la existencia de CATs altamente energéticos.

Un estado beta maduro sin interferencias de CAT es elección, no necesidad. La necesidad, la compulsión, es patología y patología, es por ej. buscar a nuestra madre o a nuestro padre en todas las personas, de uno u otro sexo, y esto es por no haberlos tenido afectivamente.

Los padres transmiten lo que viven, no se trata de juicios, ni de si son permisivos o autoritarios, más bien   es que nunca son lo auténticamente comprensivos; se tiende a ceñir, empujar, imponer nuestros CATs, ya la nuestra es una cultura enferma.

Con la identificación (imitación y contagio), escribimos nuestra biografía de CATs Y GATs. Una biografía sumamente energética, no olvidemos que los ritmos lentos son subjetivos  y por lo tanto, la identificación en fases de vida como el estadio intrauterino, es ingestión de los impactos emocionales que nos llegan. Aunque pertenezcan a nuestra madre, los vivimos como  nuestros impactos, sean agradables o desagradables, el feto los tiene que retener, porque los impactos son él.

Ya en los últimos meses de gestación o ya nacidos, sin ondas beta o más bien con ondas beta incipientes, los IATs que eran unitivos pasan a ser bipolares (pero es incipiente),  paso a saber que la ropa que me pongo no es la mía, es la de mi padre, pero sigo manteniendo la percepción unitiva que me dice que si me pongo su ropa, él y yo pasaremos a ser uno.

Es decir, que en nuestra evolución de nuestros ritmos, vamos del predominio de una percepción introyectada a otra en la que acabará predominando la dualidad.
Ejemplo, estar atrancado en el conducto vaginal es dolor, 

¿por qué luego repetimos ese vector que nos lleva en todo a la inmovilidad, por qué no lo sofocamos?

El hemisferio derecho, es subjetivo, no tiene percepción dual que le permita el discernimiento  las experiencias, la vida intrauterina es básicamente unitiva, o sea de incorporación por unificación puramente emocional. 
Todo se siente como de uno mismo, no hay dentro y fuera, no hay bueno y malo, solo hay (en los primeros estadios de percepción) un simple sistema nervioso menos o más maduro,  pero sin o con muy pocas defensas, que recibe y acumula los impactos. Y al acumularlos, e ir  formando CAGs y también CATs, esas poderosas cargas magnéticas que conforman la vida psíquica del niño, porque esas cargas son él, las ha ingerido en una íntima comunión,  con ellas ira formando su yo. 
Son las identificaciones que luego patológicamente buscará y tenderá a proyectar.

Luego en la niñez utilizamos las defensas de una falsa identificación, así nos vamos forjando un yo inadecuado.
Esa biografía oculta, es analógica, esto es que por una lado los CATs van enriqueciendo energéticamente por identificación analógica emocional, y por el otro la forma en que el yo expresa esa biografía es una resultante de daños y gratificaciones, que se manifiestan en nuestra forma de ser, sentir y vivir, en nuestra personalidad (máscara).

En cuanto al yo armónico que pudimos ser, sigue llorando en nuestro interior, sigue buscando poder emerger.

Somos máscaras que buscan su auténtica identidad. (Joaquín Grau)




Glosario:

CATs   cúmulos analógicos traumáticos
GATs   cúmulos analógicos gratificantes
IATs     impactos analógicos traumáticos



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